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IRPF, autónomo y SL: cómo funciona la fiscalidad sin que te explote la cabeza

Si eres autónomo o tienes una SL, Hacienda tiene reglas distintas para ti. Sin tecnicismos: qué pagas, cuándo lo pagas, y cómo no pagar más de lo que corresponde.

Por Foco Rentabilismo·

Aviso antes de empezar: esto no es asesoramiento fiscal. Para eso tienes a tu gestor. Esto es una guía para que cuando hables con él entiendas de qué te está hablando, y para que no te pillen por sorpresa los pagos que van a llegar.

La fiscalidad del empresario es uno de los temas que más ansiedad genera entre dueños de negocios físicos. No porque sea complicado, sino porque nadie se lo explica de forma normal.


Los dos grandes impuestos que tienes que conocer

Como dueño de negocio, hay dos impuestos que definen tu vida fiscal:

El IVA: no es tuyo. Lo cobras de tus clientes y lo entregas a Hacienda. Es un impuesto de paso. Si lo gestionas bien, no te cuesta nada. Si lo mezclas con tu dinero, puede causarte un problema de liquidez serio cuando toque pagar.

El IRPF (si eres autónomo) o el Impuesto de Sociedades (si tienes SL): este sí es tuyo. Grava los beneficios que obtienes tú o tu empresa.


Si eres autónomo: cómo funciona el IRPF

Como autónomo, tributas por el rendimiento neto de tu actividad. Simplificando:

Rendimiento neto = Ingresos − Gastos deducibles

Sobre ese rendimiento neto pagas IRPF, que es un impuesto progresivo. Cuanto más ganas, más porcentaje pagas. Las tramas van del 19% hasta el 47% en los tramos más altos (aunque los primeros tramos están muy por debajo de eso).

Los pagos fraccionados trimestrales son el mecanismo por el que vas adelantando ese pago durante el año. Cada trimestre (abril, julio, octubre, enero), calculas lo que llevas ganado y haces un pago a cuenta. Así cuando llega la declaración anual en junio, no tienes que pagar todo de golpe.

El porcentaje del pago fraccionado estándar es el 20% del rendimiento neto del trimestre. Tu gestor puede ajustar esto según tu situación.

Lo que se puede deducir: aquí es donde mucha gente deja dinero sobre la mesa. Son gastos deducibles: el local (si es de tu negocio), los suministros del negocio, el material, la gestoría, los seguros profesionales, la formación relacionada con tu actividad, el coche si se usa para el negocio (con matices), y muchos más. Tu gestor tiene que ayudarte a identificar todos los que corresponden.


Si tienes una SL: el Impuesto de Sociedades

La Sociedad Limitada es una empresa separada de ti. Ella paga el Impuesto de Sociedades (IS) sobre sus beneficios. El tipo general es el 25%, aunque las empresas de nueva creación tienen el 15% los dos primeros ejercicios.

Pero aquí hay una capa más: tú, como socio que trabaja en la empresa, también tienes que cobrar algo de ella. Y ese "algo" puede tomar dos formas:

Sueldo como administrador o trabajador: la empresa te paga un salario, que es un gasto para ella (reduce su beneficio y por tanto el IS que paga). Tú recibes ese sueldo y tributas por él en tu IRPF personal como rendimiento del trabajo.

Dividendos: si queda beneficio en la empresa después de pagar el IS, puedes repartirte dividendos. Estos tributan en la base del ahorro del IRPF, a tipos que van del 19% al 28%.


La pregunta que todo el mundo hace: ¿es mejor ser autónomo o tener una SL?

Depende de cuánto gana el negocio. No hay una respuesta única.

Como referencia general (y muy simplificada, porque cada caso es distinto):

  • Por debajo de unos 40.000-50.000€ de beneficio anual: el autónomo suele ser más sencillo y a veces más barato en términos fiscales y administrativos.
  • Por encima de esa cifra: la SL puede empezar a ser más eficiente, porque el tipo del IS (25%) es menor que los tramos altos del IRPF (hasta 47%), y permite más flexibilidad en cómo te retribuyes.

Pero esta decisión tiene que hacerla tu gestor con tus números reales. No existe una fórmula universal.

El error más caro: tomar la decisión de constituir una SL (o no hacerlo) basándose en lo que hace el vecino en lugar de en tus números concretos con tu gestor.


Los errores fiscales más comunes en negocios pequeños

No reservar dinero para los pagos trimestrales. El IVA y los pagos fraccionados del IRPF llegan cuatro veces al año. Si no tienes el dinero separado, cada trimestre es una crisis. La solución: una cuenta separada donde vas reservando el porcentaje correspondiente cada vez que entra dinero.

Deducir gastos personales como gastos del negocio. Es tentador y a veces pasa sin mala intención. Pero si te pillan en una inspección, las consecuencias pueden ser graves. La regla: si no es exclusivamente del negocio, no lo deduces.

No deducir gastos que sí corresponden. El caso contrario: por desconocimiento o por no llevar un control ordenado, hay gastos legítimos del negocio que no se deducen. Eso es dinero que pagas de más a Hacienda innecesariamente.

No hablar con el gestor hasta que hay un problema. El gestor no es solo para hacer la declaración de la renta en junio. Es para planificar durante el año. Una conversación en octubre puede ahorrarte mucho dinero en enero.


Cómo sacarle más partido a tu gestor

Tu gestor sabe de fiscalidad. Lo que muchas veces no sabe es cómo va tu negocio concretamente, qué planes tienes, qué inversiones estás valorando.

Para que te ayude bien, tienes que darle información:

  • ¿Estás pensando en hacer una inversión importante este año? Tiene implicaciones fiscales.
  • ¿Has contratado a alguien? Hay deducciones asociadas.
  • ¿Vas a hacer obras en el local? Puede ser deducible o amortizable según cómo se trate.
  • ¿Has cambiado de vehículo? Los criterios de deducción son complejos y conviene hablarlo.

La relación con el gestor debería ser activa, no reactiva. No esperes a que llegue el trimestre. Cuéntale lo que pasa en tu negocio y déjale que te ayude a optimizar.


Una nota sobre la cuota de autónomos

Desde 2023, el sistema de cotización de autónomos en España cambió. Ahora se cotiza en función de los ingresos reales, con tramos que van desde una cuota mínima de unos 230€/mes hasta más de 500€/mes para los tramos más altos.

Si tus ingresos varían a lo largo del año, puedes ajustar tu cuota trimestalmente. No hacerlo puede significar estar pagando de más (o de menos, con la correspondiente regularización al año siguiente).

Consulta con tu gestor para saber si tu cuota actual está ajustada a tus ingresos reales.


La fiscalidad no es emocionante, pero ignorarla cuesta dinero. El objetivo no es evitar pagar impuestos (eso es evasión). El objetivo es no pagar más de lo que corresponde (eso es planificación).

Si primero necesitas ordenar cómo fluye el dinero entre el negocio y tú, empieza por separar las cuentas del negocio y las personales. Si quieres entender cuánto deberías pagarte como dueño, el artículo sobre el sueldo del dueño de negocio tiene el cálculo concreto. Y cuando tengas la fiscalidad controlada, el siguiente paso es construir patrimonio fuera del negocio: el plan de ahorro del empresario explica cómo hacerlo desde cero.

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